NUESTRO MANIFIESTO

Durante años nos repitieron que si estudiábamos y nos esforzábamos lo suficiente tendríamos un trabajo digno, una casa donde vivir, un futuro asegurado y una vida que mereciera la pena ser vivida. Hoy sabemos que esa ilusión es papel mojado desde hace ya tiempo.

Nuestros mayores vieron en aquella promesa una esperanza; un contrato por el cual nadie debería quedarse atrás y que garantizaba que su compromiso haría que viviéramos mejor de lo que ellas y ellos habían podido. Pero aquel pacto quedó roto. No por su culpa, al fin y al cabo fueron nuestros padres y madres, abuelos y abuelas, quienes lucharon y trabajaron duramente por llegar a fin de mes, por poder acceder a una vivienda o para asegurar que pasara lo que pasara podrían tener derecho a una educación pública universal y de calidad - para conseguir que a diferencia suya, sus hijos pudieran acceder a unos estudios que el día de mañana les permitiese llegar a donde ellas y ellos no habían conseguido llegar -. Fue una minoría privilegiada y no ellas y ellos los que rompieron aquel acuerdo intentando convertir este país en un negocio privado al servicio de sus intereses; los que nos robaron el futuro que entre todas estábamos construyendo sólo para alimentar, una vez más, su egoísmo y avaricia.

Durante mucho tiempo salimos a las calles a pedir un empleo con derechos que nos permitiera vivir con dignidad, a dejar claro no queríamos más becas por trabajo ni precariedad laboral juvenil, que queríamos poder emanciparnos de nuestros hogares para construir nuestro propios proyectos de vida, que no queríamos ser juventud parada y culpabilizada por ello cuando nunca fue nuestra culpa. A negarnos a aceptar que que ellos se pusieran por encima de las reglas, a vernos obligadas a tener que emigrar a otro país para encontrar un futuro. No pedíamos la luna, sino aquello que nos habían prometido; aquello que nos correspondía. Cosas tan simples como una educación pública y de calidad a la que pudiera acceder todo el mundo, independientemente de si había nacido en un barrio más humilde o más privilegiado. Un país que nos estimase y nos entendiese como lo que somos y como lo que queremos ser. Muchas personas nos acompañaron, y otras, aunque se mantuvieron escépticas a la posibilidad de pararlos, nos brindaron la mejor suerte que pudiéramos tener.

Que ellos decidiesen ponerse por encima de las reglas nos salió caro, pues aunque parezca increíble, fuimos los jóvenes quienes tuvimos que cargar con el peso de sus actos. El que ellos se pusieran por encima de nosotras, se tradujo en horas de trabajo mal pagadas, en prácticas no remuneradas, en trabajos basura en condiciones precarias. Nos vimos afectadas por tasas impagables , por recortes en las becas, por despidos de miles de profesores; no éramos una minoría, éramos todas y todos, porque les daba igual a quién hubiéramos votado o de dónde vinieramos. No era un problema de colores o etiquetas, de que hubiésemos votado nosotros o nuestros padres, al final éramos todas y todos nosotros quienes al final pagábamos el precio de sus políticas.

Nos hablan de un nuevo proyecto de país, de esperanzas para creer. Pero no vamos a volver a caer más en su palabrería y en sus mentiras tristes. Queremos hacer y construir y lo queremos hacer con nuestras propias manos. Tenemos mucho que decir, tenemos mucho que aportar. Este país también somos nosotras y nosotros, y por eso no estamos dispuestas a mantenernos al margen. Sabemos que su tiempo ha acabado, y queremos que este sea también el nuestro. Nuestros hermanos y hermanas mayores ya sufrieron el ser hijos de un modelo de país dos pasos por detrás de su gente. Los partidos políticos tendrán que decidir qué hacer, pero no vamos a aceptar ningún acuerdo por arriba que olvide que tenemos derecho a decidir sobre nuestras vidas y sobre nuestro futuro; que tenemos derecho a ser también protagonistas de nuestra propia historia.

Creemos que se puede. Que es posible cambiar las cosas, que entre todas y todos, si nos esforzamos, podemos recuperar un país donde poder desarrollar todo lo que llevamos dentro y queremos sacar, compartir y explorar. Queremos volver a creer que es posible vivir en un país donde estar orgullosos y orgullosas de decir que nadie está por encima de nadie y en el que se nos escucha, se nos valora y se nos tiene en cuenta. Un país donde nadie más tenga que subirse a un avión huyendo de la precariedad, donde nadie se quede fuera de su centros de estudio por no poder pagar sus tasas. Un país donde ser joven no sea nunca más una carga sino un regalo que exprimir al máximo con la gente que queremos.

Siempre tuvimos mucho que decir, ahora son ellos los que tienen mucho que escuchar.

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